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El lenguaje inclusivo es mucho más que una tendencia; es una herramienta fundamental para construir una sociedad más igualitaria. Ya en 2009, la Comisión de Igualdad del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) presentó una serie de normas mínimas para promover el uso de un lenguaje que respete y visibilice a todas las personas, sin sesgos de género ni discriminación. Estas normas buscan transformar los hábitos comunicativos en el plano judicial, pero que también son válidos para otros ámbitos, desde el educativo hasta el legal y laboral, fomentando una comunicación justa y respetuosa.
El lenguaje inclusivo parte de tres principios esenciales: visibilidad, igualdad y neutralidad. Visibilizar implica reconocer a todas las personas, independientemente de su género, en los mensajes orales o escritos. Esto incluye el uso de formas dobles, como «todas y todos», o términos genéricos, como «la ciudadanía», en lugar de «los ciudadanos».
Por otro lado, la igualdad busca que el lenguaje no refuerce jerarquías ni roles de poder, promoviendo expresiones que no excluyan a grupos específicos. Finalmente, con la neutralidad se evitan términos sexistas o connotaciones que puedan ser ofensivas, optando por un vocabulario imparcial y accesible.
Estas normas mínimas también abordan la importancia de adaptar la comunicación en contextos profesionales y jurídicos, como documentos legales, donde un uso no inclusivo puede derivar en interpretaciones injustas o excluyentes.
1. TRATAMIENTO IGUALITARIO DE MUJERES Y HOMBRES
El tratamiento igualitario busca eliminar las diferencias implícitas o explícitas que perpetúan desigualdades en contextos comunicativos. Esto implica evitar fórmulas como «señorita», que establecen una distinción marital para las mujeres, mientras que «señor» es neutro para los hombres, reforzando estereotipos de género. Además, en contextos profesionales o formales, es fundamental tratar a las mujeres con el mismo nivel de respeto y rigor que se ofrece a los hombres. Por ejemplo, no se debe referirse a las mujeres solo por su nombre de pila, mientras que a los hombres se les llama por su título o apellido.
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2. ALTERNANCIA EN EL ORDEN DE RANGO O JERARQUÍA
La alternancia en el orden de las referencias a hombres y mujeres promueve un equilibrio en la percepción de importancia, rango, posición, experiencia, autoridad o antigüedad. Tradicionalmente, en el lenguaje se menciona primero al género masculino, lo que puede dar la impresión de prioridad. Se recomienda que haya una alternancia en el orden de aparición de las referencias a mujeres y hombres: “las mujeres y los hombres” es tan correcto como “los hombres y las mujeres”.
Esto evita la perpetuación de esta jerarquía implícita, y su uso es especialmente importante en textos oficiales, discursos públicos y documentos institucionales, donde cada palabra tiene un impacto simbólico. Además, la alternancia no solo visibiliza a ambos géneros, sino que fomenta una lectura más inclusiva, reflejando la diversidad de las personas que participan o son mencionadas.
3. REFERENCIA A CARGOS, PUESTOS, ACTIVIDADES Y PROFESIONES
El uso inclusivo de los nombres de cargos, actividades y profesiones contribuye a romper barreras históricas que invisibilizan a las mujeres en ciertas áreas laborales. Es fundamental emplear la forma gramatical femenina cuando una mujer ocupa un cargo, como «la abogada», «la arquitecta» o «la presidenta», en lugar de usar el masculino genérico. Además, al referirse de forma general a una ocupación, es ideal utilizar expresiones que engloben ambos géneros, como «los profesionales de la salud y las profesionales de la salud». Este cambio no solo visibiliza la presencia femenina, sino que también contribuye a la normalización de su rol en cualquier ámbito laboral o profesional.
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4. REFERENCIA A GRUPOS DE PERSONAS
Cuando se habla de grupos de personas, el uso de términos colectivos o inclusivos ayuda a evitar el masculino genérico y fomenta la neutralidad. Palabras como «ciudadanía», «personal» o «equipo» son alternativas válidas que incluyen a todas las personas, independientemente de su género. Este tipo de formulaciones no solo garantizan una mayor representatividad, sino que también enriquecen el lenguaje al ampliar su variedad expresiva. Por ejemplo, en lugar de decir «los trabajadores», se puede optar por «el personal» o «las personas trabajadoras», promoviendo una visión más igualitaria y menos excluyente.
5. FORMAS SIN VARIACIÓN DE GÉNERO
Las formas sin variación de género son una solución eficaz para promover la inclusión lingüística sin necesidad de hacer referencia explícita al género. Estas formas consisten en utilizar palabras que, por su naturaleza, no cambian según el género de las personas a las que se refieren. Ejemplos comunes incluyen términos como «persona», «miembro», «integrante», «participante», «estudiante» o «colectivo». Estas palabras permiten al emisor transmitir un mensaje inclusivo de manera sencilla y fluida, sin recurrir al desdoblamiento (como «los alumnos y las alumnas») o a otras estrategias que puedan alargar el texto.
Por ejemplo, en lugar de decir «los usuarios del servicio», se puede optar por «las personas usuarias del servicio» o simplemente «el personal usuario». Estas alternativas no solo logran una mayor inclusividad, sino que también hacen el lenguaje más neutro y menos dependiente de las estructuras tradicionales que priorizan el masculino genérico.
Además, las formas sin variación de género son especialmente útiles en contextos formales, legales y administrativos, donde la neutralidad es clave para garantizar la imparcialidad. Por ejemplo, en lugar de «el director», se puede utilizar «la persona que dirige» o «la dirección”.
6. CAMBIOS DE ESTRUCTURA
Esta técnica implica reorganizar las frases para prescindir de palabras o expresiones que tengan una marca de género explícita. Su objetivo principal es construir un discurso que sea inclusivo y neutro, sin perder claridad ni precisión.
Por ejemplo, en lugar de decir «El profesor evaluará a los alumnos», se puede reestructurar la frase de la siguiente manera: «La evaluación estará a cargo del personal docente» o «El cuerpo docente realizará la evaluación». De esta forma, se elimina la referencia específica al género, al tiempo que se mantiene el significado original.
Al replantear las oraciones, se logra un equilibrio entre inclusión y claridad, además de fomentar un lenguaje que refleje la diversidad de las personas a las que se dirige. Por ejemplo, en lugar de «Los médicos atenderán a los pacientes», se puede optar por «El personal médico atenderá a las personas».
7. EL DESDOBLAMIENTO
El desdoblamiento consiste en mencionar explícitamente las formas en masculino y femenino para referirse a personas de ambos géneros, con el objetivo de garantizar visibilidad y equidad. Por ejemplo, en lugar de usar únicamente el masculino genérico, como «los estudiantes», se cambia por «las estudiantes y los estudiantes». Este recurso es útil para dar protagonismo a mujeres y hombres en igualdad de condiciones. Si bien puede hacer las frases más extensas, es una herramienta eficaz para evitar el sesgo de género en el lenguaje. Por eso, debe utilizarse con criterio para no sobrecargar el texto ni dificultar su lectura.
En casos donde se repita constantemente o donde sea innecesario, pueden emplearse otras alternativas, como las formas neutras o genéricas. En lugar de repetir «las trabajadoras y los trabajadores», se puede optar por expresiones como «el personal» o «la plantilla». De este modo, se equilibra la necesidad del lenguaje inclusivo con la fluidez, logrando un estilo comunicativo respetuoso, pero más claro.
8. FÓRMULAS ALTERNATIVAS
Consisten en reestructurar las frases para evitar el masculino genérico. En lugar de decir «los interesados deberán enviar su solicitud», se puede cambiar por «las personas interesadas deberán enviar su solicitud».
Las alternativas bien pensadas evitan el uso repetitivo del desdoblamiento o de otras estrategias, logrando un equilibrio entre el lenguaje inclusivo y la comunicación efectiva.
Uno de los principales retos es vencer la resistencia al cambio cultural y lingüístico. Muchas personas consideran que estas prácticas son innecesarias o complejas, pero los beneficios a largo plazo superan cualquier dificultad inicial.
Además, el uso del lenguaje inclusivo tiene un impacto directo en la educación. Incorporar estas normas desde edades tempranas ayuda a las nuevas generaciones a relacionarse con su entorno de manera más igualitaria y respetuosa.
Esto también se traduce en entornos laborales más saludables y motivacionales, donde cada persona se sienta representada y valorada, lo que también puede influir directamente en la productividad y el trabajo en equipo.
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La adopción del lenguaje inclusivo es un paso crucial para garantizar que nuestra comunicación refleje los valores de igualdad y respeto. Aunque puede parecer un pequeño cambio, su impacto es profundo y muy significativo, contribuyendo a derribar estructuras discriminatorias arraigadas en nuestra sociedad. Estas normas mínimas no solo proponen una forma diferente de hablar, sino también de pensar y actuar.
Al integrar estas prácticas en nuestra vida diaria, fomentamos una convivencia más equitativa, donde cada persona tiene una voz y un lugar. Es, por tanto, un camino hacia una sociedad más justa, donde la diversidad no solo se respeta, sino que también se celebra.
En MAR ABOGADOS entendemos la importancia de una comunicación inclusiva y respetuosa en todos los aspectos legales y profesionales. Si necesitas asesoramiento en materia de igualdad y derechos, nuestro equipo está aquí para ayudarte.
La adopción del lenguaje inclusivo es un paso crucial para garantizar que nuestra comunicación refleje los valores de igualdad y respeto. Aunque puede parecer un pequeño cambio, su impacto es profundo y muy significativo, contribuyendo a derribar estructuras discriminatorias arraigadas en nuestra sociedad. Estas normas mínimas no solo proponen una forma diferente de hablar, sino también de pensar y actuar.
Al integrar estas prácticas en nuestra vida diaria, fomentamos una convivencia más equitativa, donde cada persona tiene una voz y un lugar. Es, por tanto, un camino hacia una sociedad más justa, donde la diversidad no solo se respeta, sino que también se celebra.
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